Autor Tema: El IMPRESIONANTE SEDO DE VIBOLINES...¡y la Peña Salón!  (Leído 229 veces)

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El IMPRESIONANTE SEDO DE VIBOLINES...¡y la Peña Salón!
« en: 14 de Enero de 2017, 11:20:24 »
Muy cerca de este punto, comenzábamos la andadura de una de las rutas más deseadas por mi. Ambiciosa, respetada y a la vez, con un cierto temor. (Sentimiento, por cierto, nada aconsejable en montaña).



Tal vez debí empezar explicando lo que es un Sedo. No es un término que se utilice normalmente y no me fue fácil encontrar una definición del mismo. Desconozco si se usa en todo el territorio nacional o es más frecuente en Asturias. De hecho, lo encontré en un libro de Miguel Angel Adrados, sobre los Picos de Europa:

SEDO (Seu).- Apócope de sendero o senda de montaña, utilizado para designar aquellos trozos de un camino difíciles y peligrosos en los que es preciso hacer uso de las manos para guardar el equilibrio. Algunos sedos se armaban con piedras o troncos para hacerlos más transitables. Muchos de estos pasos hoy se han tallado sobre la misma roca mediante voladuras.








En realidad, el lugar exacto donde comenzamos nuestra aventura, fue aquí:



En el aparcamiento del Hotel Puente Vidosa. (Tiene un espectacular parque multiaventura). Desfiladero de los Beyos, en la carretera que va de Cangas de Onís al puerto del Pontón. (Parque Natural de Ponga).








Unos 800 metros por carretera, que como casi todas las que serpentean por desfiladeros, tienen el peligro añadido del desprendimiento de piedras:












El cartel que puse en la primera foto, parece bastante reciente. El anterior, era un poco más primitivo:












Una vez llegados a este punto, afrontamos el fuerte desnivel, por la popular, aunque mal llamada Senda del Cartero. El nombre más correcto, sería el Camino de Degüera. Pero, el antiguo uso diario del mismo por el cartero del lugar, para repartir la correspondencia en los hoy casi abandonados pueblos de Biamón, Casielles, Viboli y Caviella, desde la estafeta de Vidosa, hizo que en la actualidad sea mucho más conocida por ese nombre. La verdad es que el cartero en cuestión tenía un mérito increíble.

Amadeo, imitando al antiguo cartero. Los primeros metros por esta pedrera, son tremendamente pendientes e incómodos:
























No se si motivado por el intenso frío de la mañana o por la fatiga de la dureza de esta primera ascensión, no tengo ninguna fotografía de los, aproximadamente, 600 metros de desnivel, que por una bonita senda, nos acercan al primero de los pueblos "fantasmas" del camino. Biamón:























Una de las primeras cosas que vimos al entrar al pueblo, nos demuestran que algo de vida queda aún en el lugar. Aunque las fotos puedan dar la impresión de que el animal no goce de muy buena salud, doy fe de que dormía plácidamente.













































Tuvimos la suerte de encontrarnos con un ganadero que había venido hasta allí a ver una vaca que tenía parida en el monte y que nos dijo que el famoso cartero era de este pueblo y esta había sido su casa:












Por reportajes que yo había visto anteriormente, sabía que uno de los alicientes del pueblo era este horreo beyusco, (por aquello de la zona de Los Beyos) de los pocos, o tal vez único por su antigüedad y curioso y poco habitual tejado "a dos aguas":



(Foto descargada de Internet, de un reportaje del que siento no recordar el autor).








Esto es lo que hoy queda de el:














































Algunas de las "reliquias" que quedaban en el y que nos despertaron antiguos recuerdos:























En realidad, todo lo que queda del pueblo es una "reliquia".













































Abandonamos Biamón, acompañados por el ganadero vecino, que nos dice que el es del pueblo de Viboli, del que parte el sedo de mis desvelos. Aprovecho para preguntarle sobre la "presunta" peligrosidad del mismo y nos dice que, efectivamente, un traspiés allí, puede ser fatal, pero que recientemente lo han "equipado" con cadenas en algunos sitios. Sentimientos encontrados. Por un lado, me da la tranquilidad que aportan como elemento de seguridad y por otro, lo priva del encanto o aliciente que aporta el riesgo. En fin, nos despedimos de el y tomamos el Camín de la Tobera, siempre en fuerte ascenso, que nos llevará a la Peña Salón, primero y secundario objetivo del día.












En este camino, encontramos este guante y ahora nos asalta la duda si hacer caso a la dirección que indica la flecha o a la que nos apunta la "mano".



































Llegando a la collada Nochendi, desde donde ya empezamos a disfrutar de buenas vistas de algunas de las montañas y naturaleza asturianas.


























































































Cruzamos un hayedo, con algunos llamativos ejemplares:


































Y aquí, uno de los puntos más espectaculares de la ruta, (sin tener en cuenta el sedo). Aparentemente, llegamos a un sitio infranqueable. Intentamos por un par de sitios, pero el riesgo era tan grande, que nos planteamos dar la vuelta y renunciar a la cima de la Peña Salón. En esta piedra que se ve en primer término, nos sentamos a comer. Teníamos que bajar a la ladera que se ve enfrente y no veíamos la forma.













Seguimos disfrutando de buenas vistas...












...hasta que reparamos en ese agujero en la roca:












Lo cruzamos, y encontramos este pasadizo...












...por el que nos adentramos...












...y desde el que también teníamos buenas vistas:
























Salimos al otro lado de la montaña:












Esta foto no es muy buena, pero en la parte alta de la misma es donde comimos y en la de abajo a la derecha, se ve una parte de la salida de la "cueva" por la que "aparecimos":












Aquí se aprecia un poco mejor y se ve que desde la salida del pasadizo, (donde empieza la línea de puntos) aún tuvimos que pasar un tramo delicado hasta llegar a "tierra firme":



¡Ah! Se me había decir, que ese "agujero", se llama la cueva del Toyu.









Un par de imágenes en las proximidades.























Por esta ladera teníamos que seguir...












...hasta llegar al "paso de la Gorgoleta":
























Y después de crestear un rato, nos presentamos en la cima de la Peña Salón.























Amadeo lo celebra, pegándole un buen "tiento" a la bota:























Yo también parezco contento de estar allí.













No es una cima que destaque por su altitud, pero sí es un buen mirador de una buena parte de la montaña asturiana.



(Pese a lo que pone en la placa, la altitud, creo que se aproxima más a 1.245 m.)







Pongo varias panorámicas, (como siempre, bastante malas) donde se puede comprobar que efectivamente, se trata de un magnífico mirador.



Pinchar en el enlace para ver más grande: https://goo.gl/6CeKsd









En esta, pinchando en el enlace se pueden ver los nombres de algunas de las montañas que aparecen en ella:



Pinchar en el enlace para ver más grande: https://goo.gl/evjb3o











Pinchar en el enlace para ver más grande: https://goo.gl/Dg1UsK











Pinchar en el enlace para ver más grande: https://goo.gl/a7zaoQ









Una vez iniciado el descenso y mirando atrás, vemos la cima donde estuvimos:












En este punto, nos encontramos con este llamativo agujero, del que se cuenta una curiosa historia, que a grandes rasgos, voy a intentar relatar.
Al parecer, hace ya muchos años, los vecinos de las localidades cercanas, contrataron a un cantero gallego, para que construyera el Paso de la Gorgoleta, (por el que hemos pasado hace un rato) y se dice que durante la construcción, encontró unos documentos donde se aseguraba que un determinado día del mes de junio, a cierta hora, en el punto donde se proyectaba el rayo de sol que pasaba por ese agujero, había enterrado un gran tesoro. Motivo por el cual, el afortunado cantero, se hizo inmensamente rico y desapareció sin cobrar lo pactado por su trabajo. A mi se me ocurre pensar, la desgracia que hubiera tenido el "pobre" hombre si ese día hubiera amanecido nublado. En fin, en cualquier caso, como decía al principio, no deja de ser una curiosa "historia".
























Amadeo y yo, estuvimos rebuscando por la zona a ver si por casualidad, había perdido algo, pero...el gallego se lo había llevado todo.
























La línea eléctrica, parece de reciente construcción.













Después de un vertiginoso descenso, ya tenemos a la vista el pueblo de Viboli, desde donde parte el tan temido y deseado sedo.












En la parte alta del pueblo, se encuentra el cementerio. Esta vaca, no se si por el miedo o por el cansancio que llevamos, nos ve cara de "difuntos andantes" y nos invita a pasar al interior.   ;)
























Alguna imágenes que llamaron mi atención en los alrededores:



































Amadeo, uniéndose a la... no se como calificarla, moda actual, se marca un "mannequin challenge":















































































Dejamos Viboli a un lado y nos aproximamos al punto más destacado de la ruta. Ya desde lejos, intuimos el "camino" a seguir:























Una vez ya dentro del sedo y para tranquilizar nuestros nervios, nos encontramos con esta placa, que nos recuerda que en este punto, se despeñó fatalmente esta persona, curiosamente, hermano del cartero, protagonista en buena parte de nuestra ruta. Claro, que para compensar, ya se puede apreciar la reluciente cadena, que de haber estado en aquella época, seguramente hubiera salvado la vida del infortunado Luis:














































Después de un buen trecho, nos encontramos que tenemos que salvar esa pared rocosa. Parece imposible, ¿verdad?













Solo se me ocurre decir...¡espectacular! La adrenalina se dispara. Claro, que las cadenas ejercen mucho poder como tranquilizantes.























Llegamos a esta otra cueva, en cuya pared se pueden ver unas inscripciones que hacen referencia a trabajos en su construcción. Nada que ver con los grabados de la Cueva de Altamira.
Aparentemente, la cueva no tenía salida, pero si nos fijamos en la parte izquierda de la foto, se ven las cadenas por donde deberemos pasar:














Yo era conocedor de que ahí, había un paso muy delicado, tal vez el que tenía más riesgo de todo el camino, sobre todo con la roca mojada, pues un resbalón te enviaba a un precipicio "sin fondo". Creo que en varias ocasiones, había soñado con este paso:













Pero...las benditas cadenas, (otras veces repudiadas) nos garantizaron un final feliz.












Amadeo, saliendo del punto peligroso. ¿Me lo parece a mi o todavía trae cara de susto?   ;)
























Desde aquí, se ve una parte del sitio por donde pasamos:













Y más o menos en este punto, llegamos al final del sedo:












Un par de vistazos atrás. El segundo con Viboli al fondo.
























Como este pajarito me sentía yo en aquellos momentos:













Después de dejar atrás el SEDO, (para mí siempre ya en mayúsculas) damos vista a la majada de Tuba, donde Amadeo, aprovecha para hacer amigos.















































































Aquí vemos una pequeña parte de la serpenteante carretera que sube a la localidad de Casielles:













Esta es su ermita:























Todavía teníamos por delante Casielles, Caviella y el bonito Camín de la Verganza, por donde cerramos la circular que nos llevó nuevamente a la carretera del desfiladero. Todo eso, era motivo más que suficiente para aportar fotografías con las que hacer varios reportajes, pero éramos conscientes de que, una vez más, los últimos kilómetros de la ruta los tendríamos que hacer de noche. Eso unido al ya considerable cansancio, que todos los aficionados a la montaña hemos sentido alguna vez y que nos quita incluso las ganas de hablar, hizo que la cámara fuera a reposar a su funda y a pesar de la escasez de fuerzas, aligeramos el paso, con la intención de caminar de noche el menor trayecto posible. Aún así, ¿recordáis la primera foto con la que empecé este reportaje? Seguramente no. Bueno, pues era parecida a esta:



Y ya para terminar, solo decir, que me queda la sensación de haber hecho una crónica muy pobre, de un lugar cargado de historia y belleza, que se merecía mucho más. Y también dejar constancia de que ha sido una de esas rutas, que no solo no ha defraudado las grandes expectativas creadas, si no que, dejará en mí, además de la gran satisfacción del momento, recuerdos imborrables para siempre. El adjetivo del título, creo que es más que merecido. ¡IMPRESIONANTE!




Con la emoción del agradable recuerdo, se me quedaban el el tintero los fríos datos, habituales en mis reportajes.













Hasta la próxima.



« Última modificación: 18 de Enero de 2017, 13:32:44 por astur »

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