El aire
tienes que separarlo casi con las manos
de tan denso, de tan impenetrable.
Andas. No dejan huellas
tus pies. Cientos de árboles
contienen el aliento sobre tu
cabeza. Un pájaro no sabe
que estás allí, y lanza su silbido
largo al otro lado del paisaje.
El mundo cambia de color: es como el eco
del mundo. Eco distante
que tú estremeces, traspasando
las últimas fronteras de la tarde."
(Ángel González.)
Llevo un buen rato pensando cómo describir, cómo decir qué es Muniellos, y al final he tenido que recurrir a la ayuda del poeta.
Muniellos, el Gran Bosque, el mayor robledal de España y uno de los mejores conservados de toda Europa, laberinto verde de musgo y líquenes que cubren piedras y árboles, burbuja de aire denso, húmedo y limpio que parece recién creado cuando lo respiras, es como ese mundo distante que cambia de color, recorriendo los mil matices del verde.
Sábado 20 de Mayo. Llegamos a la Casa del Guarda, en Tablizas y somos recibidos por una fina lluvia que amenaza con estropear el día. La ruta que tenemos por delante se puede resumir así: hay un bosque que tapiza mil pequeños valles y al fondo se esconden un grupo de lagunas de origen glaciar. Puedes llegar a las lagunas de dos modos: siguiendo el curso de un riachuelo mientras trepa poco a poco por el fondo de un valle, o remontando inicialmente la ladera del valle y progresando luego en suave ascensión mientras se despliega por debajo de ti la gran masa boscosa.
La primera opción es la llamada ruta corta, y la segunda, la ruta larga. Ambas terminan uniéndose en un punto desde el que sale un ramal hacia las lagunas. El camino apenas está señalizado, la mejor señalización es, simplemente, no salirse del camino.
Lo habitual es subir por la ruta larga y bajar por la corta, pero la niebla que cubre las verdes laderas y la lluvia aconsejan refugiarse en lo más profundo del bosque, así que descartamos la ruta larga y hacemos caso de los murmullos de sirena del riachuelo:

Mientras tanto sigue lloviendo, pero el agua que se filtra desde el cielo no es capaz de distraer nuestra atención del agua que se desliza por su camino de tierra, rocas y musgo:



De vez en cuando el camino pasa por alguno de los múltiples puentes:

y la naturaleza no para de sorprendernos mostrando sus obras. Aquí un árbol taladrado, tal vez, por un rayo:

Aunque más bien parece una puerta, o un ascensor, a quién sabe qué mundo escondido bajo las raíces del bosque.
Paso a paso llegamos a la primera laguna, la Laguna de la Isla. La primera imagen que inunda nuestros ojos es esta:

que corresponde con la zona donde rebosa el agua de la laguna. Unos pasos más allá vemos la isla:


Continuando por el camino, que tuerce a mano derecha según se llega a la laguna, ascendemos hasta la siguiente "terraza" en la que se ubica la Laguna Honda. Por desgracia la niebla y la lluvia vuelven a hacer acto de presencia:

Ahora el camino bordea el agua por la izquierda y asciende de forma pronunciada hasta la cuenca de la Laguna La Grande, la mayor de todas, bajo el pico Las Llagunas.
En la imagen, la Laguna La Grande entre chaparrón y chaparrón:

Quedaba aún una laguna más, La Aveizuna, pero la dejamos para otro día.
En vista de que la cota de niebla había ascendido, afrontamos el regreso por la ruta larga, la del robledal:

(La foto corresponde en realidad al tramo entre las lagunas y el punto de intersección de las dos rutas, la corta y la larga).
En esta otra foto puede verse en primer plano unas ramas cubiertas de los típicos líquenes de Muniellos, que al parecer sólo crecen en zonas "medioambientalmente sanas", es decir, libres de contaminación:

El camino continúa por laderas cada vez más inclinadas y cubiertas de árboles:

De vez en cuando sale el sol y el techo vegetal brilla con el resplandor que producirían un millón de luciérnagas metidas en una botella de vidrio verde:

Luces y sombras en las laderas opuestas:

El camino sigue (un vistazo atrás)...

y sigue...

Hasta su finalización, como todos los caminos.
En total son algo más de 18 kms, con unos 800 metros de desnivel. La belleza que encontrarás dentro no se puede reducir a números. Volviendo a la cuestión inicial, la de cómo describir qué es Muniellos, quizá bastaría con decir que, si la especie humana desapareciera de la superficie de la Tierra, quizá en unos cuantos cientos de años todos los bosques serían como Munielllos.
Un saludo




















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