Me gustaría que leierais este texto publicado por el periodista de El Mundo, Salvador Sostres, relacionado con la tragedía de la India, podría destacar algún párrafo pero es que creo que ninguno tiene desperdicio, no se lo que pretende este personaje pero desde luego la palabra periodista le queda muy grande!!!
Llega otra vez la angustia por culpa del turismo tercermundista e irresponsable. En esta ocasión se trata del destino más absurdo del mundo, que sin lugar a dudas es India. No es el lugar más peligroso pero sí uno de los que más retórica genera a pesar de su pobreza, de su inseguridad, de su innegable atraso y suciedad, y de los cadáveres que como siniestras alfombras cubren algunas las calles.
Es insufrible y muy cínica la carraca del “contraste que te ayuda a valorar más las cosas bonitas”. Esa desolación que algunos turistas necesitan ver para sentirse más intrépidos y más auténticos. Estas lecciones que luego dan cuando regresan a casa, en nombre de una espiritualidad de plástico, y aunque digan haber comprendido los misterios más recónditos de su alma y de su ser en su experiencia india, es sólo que les pone la miseria y la cochambre ajenas para poder ser, al fin, condescendientes con alguien.
Dos los turistas que se buscan y no se encuentran, y que pese a todo espero naturalmente que aparezcan vivos y sanos en cualquier momento, lo último que se sabe de ellos es que iban a estar en esta zona de la Cachemira india haciendo trekking. ¿A quién se le ocurre? Si el Tour es ya un deporte de riesgo, imagínate la sandez del trekking, y encima en India.
Hay que ser un poco más serio, y estar un poco más tranquilo. Este verano hemos conocido demasiadas tragedias tan terribles como absurdas. Lo de los ecuatorianos cruzando por la vía del tren en Castelldefels, la chica del parque de atracciones del Tibidabo, lo de los turistas en México, el hombre que murió en el concurso de saunas, y ahora esta última tontería de ir a hacer el turista a India. Esperemos que no sea nada y que todo quede en un susto. Pero de todos modos, la angustia de estos días, a los familiares y amigos de "los auténticos", no se la quita nadie. Se hace lo que se hace y luego pasa lo que pasa. Vivimos demasiado cómodos, con demasiado excedente, y aborrecemos tanto el bienestar que le perdemos el respeto a la vida.Y lo que es peor, a la muerte. Un ataque de nihilismo y frivolidad es más devastador que una guerra.
Aunque también es cierto que para encontrarse a imbéciles muriéndose y matándose del modo más ridículo no hace falta que ir a ningún país tercermundista. En Baleares, la moda veraniega de cada año, pero que esta temporada está teniendo un terrorífico éxito, es el balconing, y que consiste en que jóvenes que suelen tener entre 18 y 23 años salten desde el balcón de su apartamento o hotel, como si fuera un trampolín, a la piscina. En lo que llevamos de verano, en las Islas, son ya al menos 30 los jóvenes que se han lanzado desde balcones de alojamientos turísticos. 4 de ellos han perdido la vida. Increíble.
Supongo que habrá quien, incluso en este caso, dirá que estos chicos no tienen culpa de nada, y que cómo se puede ser tan cruel de, encima que se mueren, recriminárselo. Pero el caso es que están muertos por haber saltado desde un balcón como si fuera un trampolín, lo que no es demasiado distinto a montarse en una barcucha para navegar por un río crecido de México, ni a ir a hacer el turista a países tercermundistas, ni a cruzar por la vía del tren.
La muerte como triste resumen de tanta, tanta, tanta estupidez.




















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